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El pueblo celta, en su rico inventario de símbolos, atribuyó al triskel la representación de la vida, el equilibrio, la evolución y el aprendizaje, tres aspas giran en torno al origen del mundo. Este símbolo adorado, que solo portaban los druidas, da nombre a un vino que rinde culto a una variedad mítica, la uva
Albariña, llena de vida.

Desde un paisaje “tocado por la mano de dios”, en la austera
Casa Grande de Almuiña, en Arbo, elaboramos este
alegre y fresco vino en el que participan el Albariño
y la Treixadura, cuyo encuentro desata un profundo aroma
frutal y la alegría viva de la juventud.
Para disfrutar de los días de vino y rosas.

Le llamamos Ovo (huevo) por la singularidad del
depósito en forma oval que guarda nuestro vino.
Una forma capaz de mantener las lías en suspensión dentro
del recipiente durante todo un año. El resultado es un
magnífico Albariño de poderosa complejidad y carácter.


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